lunes, 8 de junio de 2015

NUEVO TRABAJO Roni Green (Fragmento II)

SINOPSIS:
Marcos vive su aparentemente tranquila vida siendo pastelero en su pueblo natal. Después de la muerte de su abuela heredó el negocio en el que había aprendido un oficio con el que disfrutaba poniendo su granito de azúcar para hacer feliz a la gente.
La esquiva felicidad que tantas veces se le había escapado entre los dedos, con una familia destruida por el alcohol y los maltratos, el fallecimiento de su madre y la huida de su hermano mayor junto al chico del que había estado enamorado desde su adolescencia. Ahora, tomando las riendas de su propia vida, fuera del yugo opresivo de su padre alcohólico y sintiéndose libre por fin, tiene que enfrentarse al hombre del que ha estado siempre enamorado cuando aparece después de tantos años en la puerta de su negocio, y cuestionarse si es amor o solo un capricho lo que siente por él.
¿Por qué ha vuelto Daniel Román al pueblo? Marcos no está seguro de sus intenciones, pero de lo que está seguro es de que no le está contando toda la verdad.
La llegada de Daniel Román al pueblo agita un avispero que pone en el punto de mira a Marcos. Su padre no está contento con el visitante y el hombre tiene mucho que esconder. Mucho más de lo que piensa Marcos.
Daniel y Marcos tendrán que poner en orden sus vidas si quieren volver a ser felices, aunque eso implique vivir esas vidas por separado.

PROTAGONISTAS:

Marcos Cubero
Daniel Román

SECUNDARIOS:

Javier Cubero
Francisco Cubero
Natalia
Virginia Gavela

FRAGMENTO:
A esa hora en el obrador ya estaban casi a pleno rendimiento. Los ricos olores de las primeras tandas de pan horneado inundaban el local y hacían que el ánimo aumentara para lo que estaba por venir para el resto del día. Mientras preparaba la masa del pan para otra remesa y daba forma a las piezas ya fermentadas echó un vistazo a la hora. Rosy debería de llegar en cualquier momento. Marcos reconocía que su joven aprendiz valía su peso en oro. Ella tenía una ilusión y una capacidad para aprender el oficio asombrosa. Él se encontraba muy a gusto trabajando con ella. Además de Rosy, en la pastelería trabajaba Marga, ella se encargaba de la venta de los productos y la atención de la tienda. Marga había trabajado muchos años con su abuela, y cuando enfermó de cáncer fue una gran ayuda para ella. Al heredar la pastelería Marcos no dudó en mantenerla en el trabajo. Era otro sol que brillaba en su vida.
Escuchó como sonaba la campanilla de la puerta de atrás y enseguida se giró para ver aparecer a Rosy en la entrada. La chica era menuda. Tenía el pelo castaño corto, a la altura de los hombros. Casi siempre llevaba los ojos marrones maquillados con delineador negro, haciendo que parecieran más grandes, y los finos labios pintados de tonos rojizos.
—Buenos días jefe —Rosy se acercó para darle a Marcos un beso en la mejilla, como todos los días. Ella olía a colonia infantil y a aire frío.
—Hola solete. Ve y cámbiate, ando algo pillado. ¿Qué tal ayer por la tarde? ¿Te dio tiempo a terminar de estudiar?
—Sí. Sin problema —contestó desde el vestidor. Rosy estudiaba en la universidad a distancia y tenía que ir a Madrid a pasar los exámenes. Era como él, le gustaba vivir en el pueblo y de esa manera contribuía en su casa con su trabajo y no generaba demasiados gastos.
—Bueno, estupendo. Estoy terminando con el pan, ya he empezado con las primeras hornadas. Tú ponte con los desayunos, la masa de los hojaldres y los cruasanes ya está preparada y el horno está en marcha. ¿Ok?
—Ok.
Después de prepararse concienzudamente, Rosy  y él cogieron ritmo de trabajo y con la música de fondo y la liviana conversación consiguieron, como siempre, tener a punto todo para los primeros clientes de la mañana. Los más madrugadores. A las ocho y veinte llegó Marga para abrir la tienda e ir colocando las delicias y el pan en los estantes y el escaparate de la tienda. Mientras ella se ocupaba de eso, en la trastienda empezaron con las tartas, pasteles y demás dulces. La mañana pasaba deprisa.
Cada tanto se oía el bullicio de las personas que llegaban para comprar, como cada mañana, los riquísimos dulces que preparaban en la tienda. Los característicos olores que rodeaban la calle de la pastelería eran la mejor carta de presentación de su trabajo.
Mientras terminaba de decorar una tarta de frutas silvestres, levantó la vista cuando Marga se asomó por la puerta llamándolo. Eran pasadas las doce de la mañana, aún quedaban un par de horas para el cierre.
—Marcos, hay alguien que quiere hablar contigo.
—¿Uuhhmm? ¿Quién es?
Marga bajó la voz para contestar en un susurro.
—Ese joven. El abogado nuevo —bajó aún más la voz—. El que se fue con tu hermano.
Daniel Román. Marcos se quedó tan sorprendido que casi se le cae la manga pastelera de las manos. Pero enseguida reaccionó al escuchar detrás de él un grito agudo, y sentir a Rosy chocando con su espalda mientras le agarraba de la parte de atrás del uniforme y le meneaba dando saltitos.
—¡Ay! ¡Joder! ¡Es el abogado tío bueno! —se puso delante de él y le agarró por la pechera—. Sara y Elena no hacen más que restregarme por la cara que han hablado con él porque es el abogado de su padre. Y dicen que es muy simpático además de guapo. ¡Yo solo lo he visto de lejos! Déjame atenderle a mí… ¡Porfa, porfa, porfa!
Marcos puso sus manos encima de los hombros de su joven ayudante e intentó que dejara de dar saltitos.
 —Rosy, es gay. ¡GAY!
Cuando Daniel Román llegó al pueblo meses atrás Rosy y sus amigas habían estado como locas intentando averiguar algo sobre el hombre, y al enterarse que los dos habían sido amigos en el pasado Rosy había procurado sonsacarle cualquier detalle que pudiera compartir con sus amigas. Al final le había contado algunas cosas sobre Javier, Daniel y él mismo. Pero con la condición de que no podía contárselo a nadie más. Enterarse que el objeto de sus deseos era gay, aparentemente no había disminuido ni un ápice el interés de Rosy por Daniel.
—¡Ya lo sé! Pero solo quiero mirarle… Y hablar con él —le dijo, poniendo ojitos de cordero degollado. Antes de que Marcos pudiera decir nada, le interrumpió Marga.
—No te esfuerces, niña. El abogado solo quiere hablar con Marcos.
Marcos no hizo mucho caso a las quejas de decepción de Rosy, y se quedó mirando a Marga.
—Pero, ¿sabes lo que quiere? ¿Es algún asunto legal?
—No, no te preocupes —agitó la mano delante de ella para quitarle importancia—. Solo quiere comprar alguna cosa, pero dice que necesita que le recomiendes algo, y… que hace mucho que no habla contigo —terminó Marga, apartando un poco la mirada.
Justamente hacía un poco más de doce años que no hablaban. Desde que Daniel le había dado su primer beso, y algo más, a los quince años. Para irse pocas horas después con su hermano, sin decirle nada.
Marcos no sabía muy bien qué hacer. Ya había pasado mucho tiempo, y la decepción que sintió porque su hermano se marchara, hacía mucho que había desaparecido. Entendía que Javier hubiera decidido continuar con su vida lejos de su padre y todos los malos recuerdos que conllevaba. Pero se encontró sintiendo aún algo de malestar al pensar en su relación con Daniel. Si es que se podía llamar relación a unos cuantos besos y toqueteos.
Quizás la diferencia estaba en que con su hermano hablaba por lo menos una vez al mes, y sin embargo nunca había vuelto a tener ningún contacto con Daniel. Marcos sabía que Daniel llevaba ya más de tres meses en el pueblo, tres meses sin que diera señales de vida o muestras de que tuviera alguna intención de acercarse a él. En ese momento se dio cuenta que estaba más molesto por eso que porque se hubiera ido hacía doce años con su hermano y ni siquiera su hubiera despedido de él.
Unas cuantas mariposas empezaron a revolotear en su estómago cuando se percató de que, si quería, podía ver en esos momentos a Daniel. Y quería. Mucho.
Rosy no había exagerado al decir que el abogado era guapo, si las cosas no habían cambiado, y por lo que la gente decía no lo habían hecho. Daniel era un hombre tremendamente atractivo. No solo eso, era magnético, sensual. Con dieciocho años el hombre había arrasado su corazón, aunque era un joven corazón de quince años, Marcos no se había recuperado. Era una tontería, pero aún ahora, soñaba a veces con los besos de Daniel.
—Rosy, quédate aquí y echa un vistazo al horno, le quedan siete minutos a esos bizcochos —Marcos se dio un vistazo de arriba abajo, la camiseta y el pantalón blanco que usaba para trabajar no estaban mal, se desató el mandil blanco que llevaba a la cintura y lo dejó en el mostrador de la salida al pasar.
—¡Marcos! ¿Me dejas aquí? ¡Quiero verle! —susurró desesperada y juntando las manos debajo de su barbilla a modo de súplica.
—En tus sueños —le dijo sin volverse—. Quédate ahí o te enteras, morena.

3 comentarios:

  1. Me ha encantado es divertida y tiene ese que se yo que te engancha y quieres saber más de los protagonistas y saber porque Daniel se fue con el hermano de Marcos
    Muchas gracias por compartirlo

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  2. HolaaRoni!! muchas gracias por otroo fragmentoo!!!!!
    Que tengas uuna buena semana! besos!!

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  3. Hola!!! Que bueno se está poniendo, gracias por compartir. Besitos

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